La piel

La piel es el órgano más grande del cuerpo. En un individuo de peso y estatura media (70 kilos, 1.70 m) es aproximadamente de 1.85 m2, con un espesor medio de 2.2 mm y un peso aproximado de 4.2 kilos. La piel protege la red de músculos, huesos, nervios, vasos sanguíneos y todo lo que hay dentro de nuestro cuerpo.

La piel es esencial para la supervivencia de una persona. Forma una barrera que impide que substancias y microorganismos nocivos penetren en el cuerpo. La piel controla también la pérdida de líquidos fundamentales para la vida como la sangre y el agua, nos ayuda a regular la temperatura corporal a través de la transpiración y nos protege de los rayos ultravioletas nocivos del sol.

Es el principal órgano de comunicación con el exterior. Es lisa en algunas zonas, rugosa plegada en otras (codos); lampiña en ciertas áreas, vellosa en distintos lugares. Gruesa en determinadas locaciones (palmas, plantas), fina, transparente, plegable en otras (párpados), firme en regiones óseas, se torna deslizable y aún fláccida a nivel de las partes blandas. Su color depende del espesor del estrato córneo, la densidad de la melanina, el número de vasos sanguíneos de la dermis, así como la cantidad de eritrocitos y su contenido en hemoglobina.

Factores como raza, sexo, edad, clima y estado de salud del individuo inciden sobre la variación de la coloración. Los pliegues característicos que surcan la superficie cutánea aparecen en el tercer mes de la vida fetal; crecen sincrónicamente en las regiones correspondientes y no cambian de por vida en cada individuo.

A nivel cutáneo se registran con los síntomas de dolor, tacto, calor y frío, alertándose al organismo para que elabore la respuesta correspondiente. En ella se reflejan los sentimientos y emociones como vergüenza (rubor), miedo (palidez) y ansiedad (sudoración).